-¡No volteare hacia atrás!, no lo hare!…
Al medio día despertó, con unas ganas enormes de desayunar pollo frito y un vaso de soda con hielo; su despensa estaba vacía, (la dieta era rigurosa) y la nevera llena de vegetales transgénicos y frutas enseradas. Se dirigió a la fonda de doña Cata, se puso el “short” y los tenis de correr, era un sábado de descanso.
Pidió el pollo, unos hielos y tuvo el valor de sacar la botella de refresco que llevaba en su mochila sin sentir pena, se dispuso a comer, y mientras engullía un bocado de carne revuelto con un poco de “coca-cola” la miro pasar, su cuerpo regordete le recordaba aquellas noches en que comía pizza sin parar, esclavo de la depresión que le generaba su cuerpo obeso, era por eso que odiaba la pizza, su simple olor o imagen le repugnaba; regresó a la realidad de su delicioso platillo, con un cuerpo diferente al de sus recuerdos y la remota esperanza que le ofrecía el amor.
Cada sábado después de correr 3 Km se dirigía al encuentro de quien alguna vez fuera su todo, Se sentaba, y la miraba tragar cantidades enormes de carne bañada en grasa, se quedaba ahí hasta que ella se marchaba dejando su olor a rancio y la marca de su enorme trasero en la silla acojinada.
Un día tomo la decisión de abandonar su sabroso pollo con mole verde en la mesa, a pesar de que tenía años que no lo comía. -¡Marcela!- grito al salir , recordando de nueva cuenta los momentos que habían pasado juntos, ella se encontraba a mitad de la calle cuando volteó y lo miro, se quedo perpleja ante la imagen, había cambiado tanto que al principio no lo reconocía. El se encontraba en la banqueta dispuesto a salir corriendo y decirle cuanto le había extrañado. Los dos se quedaron quietos por un instante esperando que alguno reaccionara, cuando estaba dispuesto a hablar, un repartidor de pizza montado en su motocicleta a toda velocidad se impacto contra ella, la aventó tanto y tan fuerte que cuando cayó se golpeó la cabeza, rompiéndose el cuello y muriendo instantáneamente.
La escena era horripilante…
El enorme cuerpo de Marcela tirado en medio de la calle, con la cabeza ensangrentada, la motocicleta y el repartidor algunos metros adelante y regadas por todos lados las ordenas de pizza que este se disponía a entregar: 2 de pepperoni, 3 hawaianas, 4 mexicanas y una de champiñones.
El, se fue corriendo con la cabeza baja y una mano en la nariz….
¡No soportaba la maldita pizza!.